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Píldoras

Procomun: ni gobiernos, ni empresas

procomun

Elinor Ostrom acaba de obtener el Premio Nobel de Economía de 2009 por sus estudios sobre la gestión y gobernanza de los “bienes comunales” o, como también se conocen, el “procomún”, para referirse a los “bienes de provecho común”.

¿Pero qué es el “procomún”? Vamos a dedicar esta píldora a arrojar un poco de luz sobre este término, y de paso, a homenajear a la primera mujer que obtiene del Nobel de Economía y a otras tantas personas que trabajan desde hace tiempo en la difusión de este concepto.

Veamos cómo lo define Yochai Benkler en un conocido artículo: “El procomún es un tipo particular de ordenación institucional para gobernar el uso y la disposición de los recursos. Su característica prominente, que la define en contraposición a la propiedad, es que ninguna persona individual tiene un control exclusivo sobre el uso y la disposición de ese recurso”.

Medialab Prado le llama “bienes que pertenecen a todos”, y que forman una constelación de recursos que debe ser activamente protegida y gestionada por el bien común. Lo forman las cosas que heredamos y creamos conjuntamente, “y que esperamos legar a las generaciones futuras”.

El procomún puede clasificarse según dos criterios:

- Abierto a cualquiera o cerrado a un grupo definido: Los océanos, el aire y las redes de autopistas son ejemplos claros de procomún abierto. Ciertas ordenaciones tradicionales de pastos o de zonas de riego son ejemplos de procomún de acceso limitado, en las que el acceso está restringido sólo a los miembros del pueblo o la asociación que “posee” de forma colectiva esas tierras o sistemas de regadío. En rigor, éstas pudieran considerarse mejor como regímenes de propiedad común, en vez de procomún, ya que se comportan como propiedad de cara a todo el mundo excepto para los miembros del grupo que las disfrutan en común.

- Regulado o no regulado: Es habitual que los regímenes en procomún estén regulados por reglas, más o menos elaboradas, ­­bien sean formales o sociales. Pero algunos tipos de procomún no están regulados, y se les llama de acceso abierto, de tal modo que cualquiera puede usar esos recursos a voluntad y sin pagar. El aire es esa clase de recursos en lo que a su toma se refiere (respiración, alimentación de una turbina), pero más regulado en la expulsión industrial. Las áreas de procomún más conocidas y reguladas son las aceras, las calles, las carreteras, y las autopistas. El recurso más importante que gobernamos como procomún abierto, sin el cual la humanidad no podría concebirse, es todo el conocimiento científico y la cultura que atesoramos bajo dominio público.

Juan Freire hace un poco de historia, y explica el impacto que tuvo hace 40 años el artículo del biólogo Garret Hardin, The tragedy of the commons (wikipedia), en el que afirmaba que los “bienes comunes” estarían condenados a la sobre-explotación si no eran gobernados de modo efectivo por una autoridad superior, bien sea un gobierno o un propietario privado:

El trabajo de Hardin, dice Freire, tuvo un enorme impacto en economistas y otros científicos sociales que, a partir de ese momento, defendieron la privatización o estatalización de estos bienes como única solución para su sostenibilidad, aunque el propio Hardin reconociera antes de morir que sí existían otras formas efectivas de gestión de los comunes sin necesidad de transformar su naturaleza legal y de hecho declaró que su artículo debía haberse titulado “The Tragedy of the Unmanaged Commons”.

Carlos Rodríguez Gordo destaca que el procomún implica algo de suma importancia: existen comunidades avanzadas para las cuales el dinero no es el único valor significativo. Compartir valores morales, sentirse parte de una comunidad con objetivos comunes, puede ser suficien­temente alentador para trabajar.

David Bollier, en su referenciado artículo “El redescubrimiento del procomún”, aporta una mirada crítica del pensamiento económico dominante, y explica por qué el concepto del “procomún” es tan difícil de asimilar por la teoría del mercado, tan centrada en el individuo. Cito a continuación algunas de sus ideas porque me han parecido muy interesantes:

“La teoría del mercado no consigue entender cómo unas comunidades estructuradas sobre la confianza, el trabajo voluntario y la colaboración pueden ser más eficientes y flexibles que los mercados convencionales del ‘mundo real’.

Quizás sea porque el mundo de los negocios busca el máximo rendimiento en un plazo corto, mientras que esta producción entre iguales es sobre todo un proceso social continuo que gira alrededor de valores compartidos.

La teoría económica convencional tiene problemas para entender cómo funciona la ‘economía del don’ (gift economy) del procomún. Es filosóficamente incapaz de explicar cómo puede darse un software creado on-line por un colectivo de voluntarios. ¿O es que la ley de propiedad intelectual no insiste en que la gente no trabaja a menos que su ‘propiedad’ tenga una fuerte protección legal y que se les remunere económicamente por su trabajo? Pero resulta que aquí tenemos a miles de buenos programadores repartidos por todo el mundo que trabajan gratis, sin el respaldo de aparato empresarial alguno, e incluso sin mercado.

La economía de mercado incluso ha construido su propio modelo de comportamiento humano: alaba los comportamientos ‘racionales’, los que ‘maximizan la utilidad’ y los que ‘buscan el interés personal’, pero no valora otros rasgos humanos como la moralidad, las emociones, la identidad social, tachándolos de fuerzas irracionales sin consecuencias.

Hablar del procomún es recuperar importantes aspectos del comportamiento humano, y también de su cultura y su naturaleza, que el discurso de mercado ha desechado. El procomún establece una nueva vara de medir el ‘valor’, que no es sólo una cuestión de precio, sino algo que está enraizado en las comunidades y en sus relaciones sociales”.

Un artículo de The Economist, comentado por Juan Freire, reconoce que la economía de los nuevos comunes está todavía en su infancia, pero que la gestión efectiva de bienes como Internet abre oportunidades para un control colectivo sin que la propiedad caiga en manos de gobiernos o empresas.

Para finalizar, te recomiendo que veas este excelente vídeo de Antonio Lafuente que va a terminar de ayudarte a comprender qué es el “procomún”.




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