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Club de la Comedia o Show-geek para emprendedores

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El 18 de noviembre, mientras visitaba California, me pasé por Mighty, un antiguo almacén de unos 700 m2 convertido en discoteca, cerca de la calle Mission en San Francisco (SF). No iba de juerga, sino atraído por un evento que me habían dicho que destilaba “la pura esencia de la escena tech” de SF.

Era el “SF New Tech”, una reunión informal que congrega a agentes del ecosistema tecno-empresarial de SF y Silicon Valley. Gente interesada en conocer bajo un ambiente distendido lo último que se cuece en negocios de Internet. Ahí se congregan emprendedores, CEOs, inversores de capital-riesgo, periodistas y geeks de toda clase.

Un espacio de ocio y socialización emprendedora que junta en extraña armonía a frikis y millonarios.

Este “start-up show” se estrenó en 2006, y lo convocan cada mes. Según los organizadores, han pasado por ahí más de 5 mil personas, y 200 emprendedores presentando sus proyectos.

Al entrar dejamos nuestras tarjetas en un cubo, que después se utilizaron en un sorteo de varios gadgets. No tuve suerte, como suele ocurrirme en cualquier tipo de juegos de azar. Había allí más de 200 personas, que pagaron unos 20 dólares por la entrada.

Formato agilísimo donde los haya, incluido el estilo del presentador que parecía más un animador de discoteca que un moderador de encuentro empresarial. Ambiente distendido, informal e interactivo, como se hacen las cosas por allí.

Nada de corbatas, protocolos absurdos, ni jerarquías pomposas. Puro P2P.

En cada encuentro, de 5 a 7 compañías start-ups presentan sus productos y demos durante 5 minutos y se someten a otros 5 minutos de preguntas por parte de una audiencia curiosa, exigente, crítica y muy participativa. Las empresas que se presentaron en el show al que asistí fueron Itibitisystems, Webvanta, Reframeit, Nationalbls y Smedule, por si te interesa saber un poco más de ellas.

Asisten a este evento muchos periodistas y blogueros, como ReadWriteWeb, que multiplican el impacto. Va gente muy conocida como Guy Kawasaki a comentar demos. Se juntan ahí decenas de inversores de capital-riesgo con una pinta bastante diferente a los que veo por aquí en nuestros eventos.

Es un bautismo de fuego para cualquier emprendedor, donde la crítica es siempre respetuosa en las formas pero incisiva en el fondo. No se corta nadie, los fríen literalmente a preguntas, y ellos responden con igual desenfado.

La verdad es que hay que tener muchas tablas, y entender muy bien tu negocio, para aguantar el ritmo trepidante que imponen en esos eternos 5 minutos. Batería de preguntas variopintas, disparadas desde cualquier punto de la discoteca. Lo curioso es que los emprendedores daban la impresión, por su seguridad y rapidez, que ya habían pensado antes en todas ellas. No vi a ninguno dubitativo al contestar, o que se detuviera a cavilar.

Preguntas cortas y precisas, nada de enrollarse. El tiempo manda, sin excepciones. Los ponentes “lo clavan”, van milimetrados. Para eso ponen un enorme reloj coronando la sala, que es la única luz que brilla en la oscuridad, y que va marcando su dramática cuenta-atrás, a la vista de todos.

Pero las preguntas también se enfocan como herramienta de aprendizaje, y se nota en el tono.

Quien pregunta evita parecer que está interrogando, para que el emprendedor no se sienta evaluado, aunque en realidad lo esté siendo. No vi por ahí al clásico inversor-tiburón intentando “comerse” al emprendedor “tiernito”, ni siquiera en plan paternalista. Será por ese proverbio tan norteamericano que dice: “Sé amable con los que están subiendo porque te los volverás a encontrar cuando bajes”, pero lo cierto es que todo era muy P2P, con un trato exquisito.

De las cosas que más me gustaron fue esa falta de miedo de contar las ideas. Cuando cuentan su negocio, ya están en otro estadio en el que poco importa que les copien. Presentan cosas hechas, no proyectos futuros. Una prueba de ello es que la pregunta que más se repitió en la sala fue esta: ¿con cuántos clientes estás trabajando ya?

Los emprendedores iban casi siempre en pareja. Mientras uno hacía la presentación o respondía las dudas, el otro iba navegando por la web de la start-up que se presentaba, enseñando el producto mismo.

Primero barra, copas, charla informal (“schmooze”) y tacos gratuitos, hasta las 7:30 de la tarde. Después vinieron los “live demos” de las seis empresas hasta las 9:00. Y finalmente, lo que más me gustó de la fiesta, que paso a contar ahora.

Le llaman “60 second spots” y consiste, como sugiere el nombre, en intervenciones libres de hasta un minuto para contar cosas en el más fiel espíritu “bottom-up”.

Se armó allí una cola de casi 20 personas para subir al escenario a ofertar servicios o pedir ayuda para algún proyecto. Todos respondían a esta pregunta: “What are you looking for o needing help with?”

Después de contar lo que les traía por ahí, pasaban a rellenar un formulario online que se proyectaba en una pantalla, donde dejaban por escrito lo que ofrecían o necesitaban. Eso quedaba documentado para facilitar la puesta en contacto de posibles interesados. Me contaron que ha habido muchas sorpresas en esos 60 segundos de gloria, como un emprendedor negro que “cantó” literalmente su oferta en ritmo de soul.

Desfilaron por ahí más de 15 personas, incluidos CEOs, CTOs y otros diretivos de start-ups. Escuché por ejemplo a alguien que decía que eran un grupo de diseñadores de Los Angeles que se instalaban en SF y que buscaban clientes, uno que necesitaba programadores en un lenguaje que no recuerdo y otro que ofrecía promover listas de Twitter vía e-mail. Aquí puedes ver las ofertas tecleadas desde el mismo escenario por los propios presentadores de los “60 Second Spots” en el evento que asistí.

Cuando he hablado de esto, alguien me ha recordado que en España se organiza un evento parecido, el Pecha Kucha Night, que es en realidad una franquicia global nacida en Tokio y que se ha extendido a más de 120 ciudades.

Pero lo de San Francisco es algo bastante diferente. No es un evento para creativos, artistas o diseñadores, sino para emprendedores, para gente que ya ha arrancado un negocio.

Pecha Kucha está pensada para la creatividad, SF New Tech para la innovación y el emprendimiento.

Pecha Kucha sigue un formato parecido pero más rígido: cada ponente tiene que explicar su idea en 20 imágenes de 20 segundos cada una, y no tiene control sobre la presentación (no puede avanzar, ni retroceder). El evento de San Francisco es riguroso en marcar los tiempos, pero el emprendedor puede exponer su proyecto como le dé la gana.

Puedes ver fotos del evento si quieres hacerte una idea más visual de esta experiencia, y verás por qué digo que es lo más parecido al “Club de la Comedia”… pero en lugar de cómicos, con emprendedores.




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